Bendecir la vida

Pocas cosas definen la forma de ser del hombre o la mujer noble como su actitud ante la vida, su manera de contemplar la existencia y situarse ante ella. ¿Cómo se perfila esta actitud ante la vida? ¿Cuáles son sus principales características?

La actitud ante la vida del hombre noble, lo que es tanto como decir del hombre tradicional (entendida la voz “hombre” en su acepción de “ser humano”), se halla caracterizada por el respeto y la veneración, la apertura de la mente, la mirada tierna y poética, la mesura y el autodominio, la ecuanimidad y la templanza, la serenidad y la paz interior, la seriedad y la alegría, la confianza y la aceptación de lo que la realidad nos aporta, el aprecio de los pequeños detalles del devenir cotidiano y una postura voluntariosa que lleva a aprovechar las vicisitudes de cada día para la práctica de todas las virtudes, sin descuidar ninguna de ellas.

Es una actitud vital que está basada en una visión sagrada, abierta a la trascendencia, guiada por la sabiduría y el amor, movida por la compasión y la caridad, una caridad de proyección cósmica y universal. Y por ello, es profundamente respetuosa de la realidad: no pretende alterar, falsificar ni manipular la realidad con la que se encuentra, sino que la mira y acaricia amorosamente, tratando de escuchar su voz sutil y asimilar su mensaje. Se trata de una actitud bendencidora, santificante y radicalmente afirmadora de la vida.

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