El Deber: ancla del ser y arado de la vida

El deber hunde sus raíces en el mundo del ser y abre la vía que hacia el ser conduce. Potencia afirmadora, eseyente y serídica, acendradora y esencializadora, el deber nos da el ser, nos hace ser en la plena acepción de la palabra, nos arraiga en el ser del que brota la recta acción y, con ella, el fruto sazonado de la vida buena, plena, libre y feliz. Es el ancla que nos amarra al fondo insondable e inconmovible del Ser que sostiene y fundamenta toda existencia, librándonos así de naufragar en el tempestuoso mar de la vida.

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